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Cine y Abusos Sexuales a Menores


Pilar Gorbano y Comentamos cine

para Mézclate Conmigo / 03.12.2014

Recuerdo que hace ya algunos años, y después de haber visto algunas películas sobre el tema de los abusos sexuales a menores, entre otras: “Sacerdote” de Antonia Bird, “Sleepers” de Barry Levinson, “Führer EX” de Winfried Bonengel, surgió inesperadamente del mundo de la televisión una directora irlandesa casi desconocida para muchos, Aisling Walsh, con el propósito de crear un foco de atención sobre el espinoso tema, basándose en el libro autobiográfico de Patrick Galvin “Los niños de San Judas”. Fue a finales del año 2003 y la joven directora irlandesa logró tal impacto sobre los medios eclesiásticos que desató el rechazo de su proyección en muchos cines de Europa. Walsh cuenta una historia terrible que por desgracia quedó impune, acaecida en un reformatorio católico de Irlanda. La pantalla nos tiraba a la cara el terror que inspiraban aquellos hombres piadosos entre los niños bajo su tutela sin que nadie se atreviera a levantar la voz para defenderles. Hago mías las palabras de su realizadora: “un tema muy perturbador, muy oscuro y auténtico. Una historia que debe ser contada, esos chicos gritaban por ayuda y nunca la obtuvieron, y esa es una de las razones por las que me llamó la atención, porque sentí que debía contarse”.

Después de esta acertada película, el cine y sus responsables han seguido proyectando estas maldades, no podemos olvidar “La mala educación” de Pedro Almodóvar, “El arte de llorar en coro” de Peter Shonau Fog, y “Obediencia perfecta” de Luis Urquiza. Pero la huella que dejó en mí “Los niños de San Judas” nunca se borró, y me ha parecido un pórtico adecuado para este programa de abusos sexuales a menores. Mi intención ahora, es que aquella denuncia se multiplique y se propague a esta realidad de crónica desgarrada y negra que subsiste en la España de hoy, donde quienes vivieron algo parecido en una institución regida por religiosos quedaron marcados para siempre en el sentido físico y psicológico. Una realidad que supera la ficción y engloba lo verdadero y lo falso, con la misma insensatez que a una pesadilla la mueve el mundo de los sueños. Pongamos el cine social en nuestra agenda para no olvidar una exigencia que reclama sentido común, transparencia, instinto renovador y castigo para todos los culpables, y seamos ese valiente profesor al que interpreta Aidan Quinn en “Los niños de San Judas” logrando que nuestro grito esta vez sí se escuche.

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