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Josefa Ramírez Peña: "Seguiré demandando Verdad, Justicia y Reparación"

Actualizado: 24 de jul de 2019



Cerca de trescientas mil mujeres indígenas en el Perú fueron esterilizadas de manera forzada entre los años 1996 y 1999, durante el mandato de Alberto Fujimori, promotor y gestor de una política sistemática de Planificación Familiar que impactó en las vidas de las mujeres andinas, amazónicas, aymaras, ashánincas y quechuas, desconociendo su derecho a decidir sobre su propio cuerpo, afectando su salud mental y física, con secuelas difíciles de superar.

Mézclate conmigo dialogó esta semana con la defensora de derechos humanos y activista feminista, Josefa Ramírez Peña, quien lleva más de cuarenta años promoviendo con sus hermanas indígenas, el fortalecimiento organizativo de las mujeres y su autonomía. Y también exigiendo Verdad, Justicia y Reparación para las mujeres esterilizadas del Perú, especialmente de Huancabamba, una de las zonas donde mayor incidencia hubo de esterilizaciones forzadas.

Josefa Ramírez, nació en la comunidad campesina de Quispampa, caserío de Sauce Chiquito, Provincia de Huancabamba (Región Piura, Norte del Perú), rodeada de los Apus (montañas) protectores de estos pueblos: Witiligun y Pariacaca y todo el entorno de las Huaringas, de cuyas aguas se dice que tienen propiedades medicinales y donde la población sana sus males. "Nací el 22 de agosto de 1948. Y en mi partida de nacimiento dice literalmente 'ha nacido una niña indígena" nos explica. "Además, comparto la misma edad de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, pues nacimos el mismo año: 1948", agrega orgullosa.


Cuando Josefa se graduó como Trabajadora Social, quiso revertir su sabiduría profesional y activista en favor de sus hermanas quéchuas y aymaras. Se fue a trabajar al Sur del Perú, en Puno, para fortalecer las capacidades organizativas y vindicativas de las mujeres del Altiplano puneño. Posteriormente, fundó el Instituto de Apoyo al Movimiento Autónomo de mujeres Campesinas (IAMAMC) y decidió trasladarse al Norte del país, y regresar a sus orígenes con sus hermanas huancabambinas para impulsar juntas la Asociación de Mujeres de Huancabamba (AMHBA),una de las más significativas organizaciones de mujeres indígenas que activan en el Norte de Perú, sobre todo, en la promoción y defensa de sus derechos sexuales y derechos reproductivos. Por este motivo, en el año 2013, la AMHBA formó el Comité de Defensa de los Derechos Humanos de las Mujeres Esterilizadas, pues un gran porcentaje de sus activistas fueron esterilizadas.

Josefa, han pasado 18 años desde que las mujeres fueron esterilizadas a la fuerza y aun su demanda de justicia no se ha hecho realidad.

Actualmente, ¿cómo se encuentra la salud de estas mujeres?

Para las mujeres esterilizadas, o como ellas se llaman "ligadas", la situación es difícil y hasta cierto grado conflictiva. Cada día enfrentan un nuevo reto en medio de su situación de empobrecimiento y precariedad de salud. Ellas quedaron con secuelas muy importantes, con fuertes dolores, y con cierto grado de incapacidad para seguir trabajando en el campo o en sus pequeñas iniciativas económicas que les permitían subsistir. De otro lado, los centros públicos de salud no las atienden ni con calidez, ni calidad. Como bien señalaba mi querida amiga Giulia Tamayo, estos centros de salud en vez de promover la salud sexual y reproductiva de las mujeres, sólo se limitan a exigir a las mujeres a hacer pagos por la atención, y las hacen esperar por días y meses para acceder al servicio. Muchas veces, no les hacen caso y no las atienden. La mala gestión y la falta de formación y atención de calidad desde un enfoque intercultural del sistema público de salud es una gran problema que las mujeres enfrentan a diario.

¿Y a nivel de su salud mental?

Cuando las conocí, incluso en medio del contexto de violencia política que azotaba el país en la década de los 90, ellas se sentían con tranquilidad y ánimo para enfrentar la vida. Pero después de suceder las esterilizaciones se las ve bastante oprimidas. Lo evidencian no sólo en sus salud física, también en su mirada, en sus ánimos y en su voz. No es el caso de las mujeres de otras organizaciones que tienen la esperanza de que van a conseguir recursos y apoyo, o tienen un seguro social. En cambio, las mujeres esterilizadas ni cuentan con seguro social, ni han tenido la posibilidad de recibir una reparación para su salud, ni su educación, ni para cubrir sus necesidades básicas. Son las más olvidadas entre las olvidadas, porque son indígenas, y porque aun persiste una visión colonial y racista en la sociedad, incrustada incluso en la estructura del Estado. Pero sacan fuerza y siguen resistiendo porque están organizadas.

El Programa de Planificación Familiar que aplicó Fujimori fue sin duda una violencia de Estado...

Las mujeres que fueron esterilizadas del 96 al 99 perdieron la confianza en el Estado, en los servicios públicos y en el personal de salud, porque violentaron sus derechos sexuales y derechos reproductivos. Cuando este programa terminó de intervenir en el cuerpo de las mujeres, les quedó una fuerte frustración, porque las engañaron, las amedrentaron y las obligaron a esterilizarse. Le prometieron medicinas, alimentos para ellas y sus familias, atención médica permanente y nada de eso se cumplió. Las amenazaron con que sus parejas irían a la cárcel, que se podían quedar sin los pocos alimentos que en esa época daba el Estado. Incluso las esterilizaron estando embarazadas.

Es cuestionable la actitud del personal de salud. ¿Cómo no pudieron reaccionar ante el mandato de Fujimori para esterilizar a las mujeres sin su consentimiento?

Las y los operadores de salud no tienen formación, ni concienciación en temas de derechos humanos, mucho menos en relación a los derechos sexuales y reproductivos. Y en su mayoría tienen un desprecio hacia la población indígena, producto -como señalé- de un legado colonial y etnocéntrico. Además, había una política de cumplimiento de cuotas y de ascensos o mejoras salariales para el centro de salud que realizara la mayor cantidad de esterilizaciones en el menor lapso de tiempo. Era una orden que venía de los altos mando del Ministerio de Salud, con orden directa del presidente Fujimori. Fue una política maltusiana, porque se quiso combatir la pobreza a través de los cuerpos de las mujeres indígenas, porque la plata no alcanzaba en el país, porque había mucha pobreza y había que evitar los nacimientos en las poblaciones más oprimidas.

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos señaló que se trató de genocidio, un delito de lesa humanidad...

Es que detrás de esta imposición existe otra dimensión, en otros lugares donde se han hecho este tipo de programas, como en la India, por ejemplo, es una forma de evitar la continuidad de la cultura, de una cultura que "estorba", por eso es una imposición racista. Se impide que las mujeres andinas e indígenas sigan reproduciendo la vida, por ello es un genocidio.

Y las mujeres esterilizadas, no tuvieron tiempo de reaccionar...

Es que en la década de los 90, en el Perú, sobre todo en el Perú indígena y andino, la situación de analfabetismo y desinformación por la limitación de ir a la escuela o centro educativo o debido a que a ciertas autoridades fujimoristas no les convenía que las mujeres se organizaran, generó una época oscura, donde la impunidad fue el manto que cubrió a las personas que cometieron todo tipo de delitos.

Y con la sociedad, qué sucedió, ¿por qué no reaccionó?

Verás, se ha hecho diferentes investigaciones sobre las causas y las responsabilidades de las esterilizaciones, pero esas investigaciones han quedado sólo en un discurso de buena voluntad, de exigencias, porque en cada comisión investigadora que se abrió sobre esta situación la conclusión a la que llegaron fue que no ha habido delitos, ni pruebas, ni a quién responsabilizar. A 18 de años de las esterilizaciones podemos evidenciar que la demanda de justicia frente a este delito no ha tenido respuesta.

De otro lado, a los pocos años de iniciadas las esterilizaciones, entre los años 98 y 99, como bien señala Giulia Tamayo en su investigación "Silencio y Complicidad", los sectores de la sociedad civil, por acomodarse a ciertos beneficios que daban las autoridades, no se posicionaron frente a esta afectación de los derechos humanos de las mujeres indígenas, ni apoyaron las acciones de denuncia. El silencio y complicidad prácticamente encubre este delito perpetrado por parte del Estado, las autoridades y las y los operadores de salud (directores de hospitales, responsables de programas y centros de salud y todo su personal directa o indirectamente implicado).

¿Por qué se aduce que no hay pruebas?

Una vez que se comete este delito, se quema y desaparece toda la información en la mayoría de centros de salud. Por ello, cuando se quiere hacer una investigación exhaustiva no quedan pruebas documentales. En Huancabamba tenemos un claro ejemplo, porque si bien existe un significativo número de mujeres esterilizadas, no existen documentos que prueben qué sucedió realmente, ni se puede probar que se arrasó con pueblos enteros, como Sóndor y Huarmaca, una de las zonas más pobres, que coincide con la mayor incidencia de esterilizaciones de mujeres. Pero lo más grave es que la voz, los testimonios, las pruebas del delito que están en los cuerpos de las mujeres no son tomadas en cuenta.

¿Qué tipo de condicionantes limitaron a las mujeres a denunciar en el momento que se cometieron las esterilizaciones forzadas?

Las mujeres andinas e indígenas viven una situación de permanente empobrecimiento y desinformación. Tienen un alto índice de analfabetismo. Estas fueron las condicionantes que las limitaron a poder denunciar a tiempo. Ninguna quiso denunciar, ni decir qué había pasado. Algunas ni se dieron cuenta que les estaban haciendo, fueron a su revisión de embarazo y luego no tenían idea de por qué tenían dolor en sus ovarios, por qué les dolía la cabeza y los riñones. Las enfermeras y médicos con engaños las operaron, y en condiciones de insalubridad. Muchos de los casos de esterilizaciones de Cuzco, Huancabamba y Cajamarca los testimonios dan cuenta que las ligaron sin que se dieran cuenta.

¿Qué consecuencias tuvieron las esterilizaciones dentro de las familias de las mujeres?

Cuando las mujeres, una vez esterilizadas, no quedaban embazadas las parejas las abandonaban. Esa situación las relegó y violentó. Es decir, no sólo sufrieron las consecuencia físicas y mentales en su cuerpo, sino en sus relaciones vitales, por el abandono total. No sólo quedaron yermas, sino también abandonadas por sus familias, por lo que más querían. Sobre todo, aquellas mujeres que viéndose en la imposibilidad de seguir trabajando, se vieron obligadas a enviar a sus hijas a las grandes ciudades a trabajar como empleadas del hogar. Y sólo se quedaron con los hijos más pequeños hasta hacerlos crecer. Ha sido una secuela muy grave para las vidas de las mujeres indígenas. Y a pesar de sus afectaciones han sacado fuerzas de donde sea para mantener a su familia.

Esta realidad fue evidenciada en el año 2013, tras hacer un estudio gracias al apoyo de la Agencia Catalana de Cooperación, que sirvió para, a través de una investigación-acción con las mujeres indígenas esterilizadas de Huancabamba, demostrar que las mujeres jóvenes que migraron a las grandes ciudades de la costa del país eran hijas de las mujeres que fueron esterilizadas a la fuerza.

¿Es ese mismo año que la AMHBA forma el Comité de Defensa de los Derechos Humanos de las Mujeres Esterilizadas cierto?

Sí, porque para las activistas que integramos el IAMAMC y en diálogo con las hermanas de la AMHBA, -pues tenemos juntas un convenio de acción-, fue un punto de inflexión, de ver qué podíamos hacer para lograr que se rompiera el silencio desde las propias mujeres víctimas de las esterilizaciones forzadas. Y cuando terminamos el estudio, a comienzos del 2013, decidimos impulsar el Comité de Defensa de los Derechos Humanos de las Mujeres Esterilizadas de Huancabamba (CDHMEH). Una de sus principales lideresas es Esperanza Huayama, del Caserío de Rodeopampa, Distrito de Sondorillo, una de las zonas con un significativo número de esterilizaciones. Así, más de 200 mujeres se empadronaron en el CDHMEH y dijeron "¡basta ya!". El IAMAMC en convenio con la AMHBA estamos accionando juntas para visibilizar y denunciar su situación.

¿Tienen las mujeres esterilizadas de Huancabamba asistencia legal?

Lamentablemente, la defensa legal no la pudimos conseguir porque se precisa dinero y pagar una abogada para poder defender los derechos humanos de las mujeres esterilizadas. Además, debido a que Huancabamba está lejos de la capital del país, para ninguna defensora o defensor le resulta ventajoso irse a la montaña para trabajar con la población indígena. Y los pocos hombres abogados que hay en Huancabamba tienen poca o nula formación y concienciación en temas de derechos humanos, mucho menos en relación a los derechos humanos de las mujeres.

¿Qué más hay detrás de esta negativa de que se haga justicia para las mujeres esterilizadas?

Además de que persiste en el gobierno una actitud de ser sordos, ciegos y mudos ante las esterilizaciones forzadas. Los principales responsables de este delito de lesa humanidad contra la comunidad indígena peruana (Fujimori y los fujimoristas), están incrustados en las instituciones del Estado. Ellos están detrás de todas las comisiones de investigación que se abrieron. Son jueces o fiscales afiliados o afines al partido de Fujimori. Aparentan querer hacer justicia, pero a la hora de la decisión la justicia queda pendiente. En el año agosto 2013, el fiscal Marco Guzmán Baca de la Segunda Fiscalía Penal Supraprovincial de Lima subió a Huancabamba con la intención de entrevistar a 10 mujeres esterilizadas. Cuando llegó habían más de 200 mujeres esperándolo y se asustó. No creía lo que veía, tomó fotos y las filmó. Pero se acercó con desconfianza a las mujeres porque pensó que estaban mintiendo. Les preguntó "¿cómo me prueban ustedes que están esterilizadas?", les preguntó. Fue una actitud muy reprochable. Luego, les prometió que enviaría médicos legistas a revisarlas, pero nunca subieron.

Al siguiente año, el 22 de enero de 2014 este fiscal, exculpó a Alberto Fujimori del delito de lesa humanidad y exoneró de responsabilidad a exministros y exfuncionarios de su gobierno, de esta manera desconoció e invisibilizó las voces y demandas de las más de 2000 mujeres esterilizadas que decidieron denunciar de manera directa a nivel nacional.

Si que persiste un contexto adverso para las mujeres esterilizadas...

Así es. Y es que la violación de los derechos humanos continúa perpetuándose porque no hay respeto a la dignidad de las mujeres indígenas. No se las reconoce como sujetas de derecho. Los gobiernos siguen sin hacer cumplir la ley, ni garantiza que los derechos humanos sean reconocidos para todos y todas. Por ello no me cansaré de exigir Justicia, Verdad y Reparación, para conseguir que los responsables sean llevados ante la justicia. Soy consciente que es un riesgo en el actual contexto político, porque todas las mujeres defensoras que buscamos la verdad y la justicia arriesgamos nuestra vida

Es posible que el siguiente mandato presidencial del 2016 sea asumido por la hija de Fujimori. A través de algunas encuestas de opinión y medios de comunicación se está pintando una imagen falsa de Keiko Fujimori, y la ponen como la única opción para ganar la presidencia del país, con lo cual sería un riesgo total para las mujeres indígenas y todas las defensoras de derechos humanos que están apoyando su demanda. De ganar el fujimorismo se seguirán violando los derechos humanos para las mujeres esterilizadas, pues ya han demostrado en su gestión anterior su desprecio por lo que significa la justicia en el país.

¿A nivel de reparación que están exigiendo las mujeres?


Consideramos que la reparación debiera ser integral porque esta violación no sólo ha afectado su cuerpo y su vida sexual y reproductiva, sino que ha violentado sus capacidades para seguir caminando en la vida, para buscar nuevas oportunidades económicas y formas de trabajo. Ellas aun no pueden decir que viven en un país donde se respeta y protege sus derechos. Se precisa impulsar un programa social y económico que, sobre todo, posibilite un seguro social para las mujeres esterilizadas. Y no me refiero al seguro que dice el gobierno que existe: el SIS (Seguro integral de salud), pues no soluciona su problema, pues con el mismo sólo se atienen problemas leves de salud. Muchas de las mujeres sostienen que sólo les dan paracetamol cuando llegan con dolor al hígado, con dolor en el estómago, con dolor de cabeza, con dolor en el vientre. Paracetamol es lo único que les dan. El SIS es un engaño. Se precisa un seguro social integral para las mujeres indígenas y andinas, adaptado a sus necesidades prácticas e intereses estratégicos, que procure capacitación y sensibilización adaptadas a su condición de analfabetismo, desde una mirada intercultural, y sobre todo con una atención cálida y de calidad.

Sin duda el analfabetismo es un factor clave muy limitante...

Cierto. Hace poco en la AMHBA hubo elecciones para elegir a su nueva junta directiva. Y la mayoría de mujeres cuando fueron a votar no sabían leer ni escribir. Pero también es cierto que las mujeres tienen un saber situado, una experiencia vital y saben comunicar y demandar a pesar de esta realidad. Pero en el actual sistema donde vivimos, saber leer y escribir es un derecho y una necesidad. Y los programas de alfabetización impulsados por el Estado se han dado solo en contextos electorales, para que durante el voto sepan firmar.

¿Qué tipo de solidaridad precisan las mujeres víctimas de la esterilización forzada?

Gracias por esta pregunta. Verás, hacemos un llamado a la solidaridad y cooperación internacional para que podamos impulsar con las mujeres esterilizadas un programa con seguro social integral para ellas, sus hijos, hijas y toda su familia. También para que puedan impulsar sus propias iniciativas de justicia y empoderamiento económico.

Las mujeres andinas saben cultivar la tierra como sus ancestras y ancestros, en armonía con su entorno, y pueden seguir produciendo los valiosos productos altoandinos que salvarán al país de la desnutrición, como la quínoa y la kiwicha. Además, las mujeres andinas saben transformar, hacer industria casera con sus plantas, animales y frutos nativos. La pereza sólo está en la cabeza de quienes gobiernan. Hay una riqueza inmensa en las mujeres andinas. Tenemos plantas medicinales en Huancabamba, únicas en el planeta. Y son las empresas de laboratorio que están depredando estas plantas. Y la lucha de las mujeres de la AMHBA es también por la protección y sostenibilidad de los recursos naturales, el medio ambiente, la biodiversidad en armonía, la soberanía alimentaria, por el buen vivir y la sostenibilidad de la vida. Por ello, esperamos que las personas y organizaciones que accionan en la cooperación internacional que lean esta entrevista se sumen a estas demandas.


Una riqueza invalorable...

Como trabajadora social identificada con mi pueblo, con mi género y con mi cultura andina e indígena, puedo afirmar que en Huancabamba tenemos un legado antiquísimo de la cultura huaringeña, donde las mujeres son sanadoras y parteras. Ellas tienen un conocimiento milenario del manejo de las hierbas medicinales. Sin embargo, en nuestra sociedad este saber es desconocido e infravalorado, no se le da importancia. Por ello el Convenio IAMAMC-AMHBA está impulsando un rescate y recuperación de los conocimientos, los saberes, las experiencias vitales ancestrales de las mujeres huaringeñas, con la finalidad de que las mujeres esterilizadas puedan empoderarse y recuperen su historia. Que se las reconozca como agentes de transformación social y como portadoras de una sabiduría que puede asegurar la sostenibilidad de la vida en todo el planeta.

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